A tres meses de su realización, el director artístico Pablo Conde dejó su puesto. Lamentó el desguace del Incaa y mencionó rumores de una posible postergación del evento.

Faltan tres meses para la realización del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y reina la incertidumbre ya que continúan las renuncias. Este viernes anunció la salida de su cargo el director artístico Pablo Conde al evidenciar las falencias que existen para que se concrete la 39° edición dada la falta de equipo y las “incongruencias” en cuanto a la organización del evento a raíz del ajuste del gobierno nacional. “Los inconvenientes abundan”, expresó en su carta de despedida y lamentó que a pocos meses de su concreción el festival “no tenga un mínimo equipo de programación propiamente contratado y esté acéfalo”.
El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, que este año se anunció con fecha desde el 21 de noviembre al 1 de diciembre, sigue sumando polémicas y profundizando su crisis en torno a su realización luego de que este año la actual gestión del recortado Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) decidiera que la 39° edición sea financiada por capitales privados y coproducido por la Municipalidad, aunque por el momento no existe ningún tipo de precisión al respecto.
Tras la renuncia en julio del presidente del Festival de Cine de Mar del Plata, Fernando Lima, cargo que aún no fue reemplazado, este viernes se sumó la del director artístico Pablo Conde, quien se desempeñó en el cargo las últimas dos ediciones y que formó parte del equipo de programación desde el 2009.
También, según explicó, dejará de trabajar para el Incaa –en medio de su proceso de desguace ordenado por el presidente Javier Milei- y en su descargo a través de su cuenta de X (@generacionvhs) describió el crecimiento exponencial de los últimos años del organismo.
“A lo largo de los años creció desparejo, perfectible, hasta ser un organismo que además de fomentar el cine argentino pasó a ser su principal difusor”, destacó. Y consideró: “Sin dudas se le deberían haber hecho varios ajustes quirúrgicos, entendiendo sus potenciales aristas, que hoy también es víctima de no haber sabido explicar sus reales beneficios -ni a la industria ni al público- que muchas veces fue tristemente usado como excusa partidaria e ideológica, tanto en el pasado como en el presente”.

En su descargo a través de la red social, Pablo Conde acusó que en la actualidad hay una “reducción atolondrada”, la cual es “poco estratégica y antojadiza”. “El Incaa actual se topa con una imposibilidad de gestión real sobre sus propias intenciones, entre ellas, la de concretar la inminente edición de su festival insignia”, advirtió.
En esa línea, ya sobre el festival en sí, describió que los “inconvenientes abundan”, entre los cuales resaltó que llevó un semestre reemplazar en la página web un logo, destacó como falencia que el proceso de inscripción no fue apropiadamente bilingüe o que no se cuente a esta altura con un “mínimo equipo de programación propiamente contratado” y que “esté acéfalo en los papeles, carente de autoridades designadas salvo las administrativas”.
En su carta de despedida Conde valoró que “desde siempre los ejes fundamentales” de la organización del festival fueron tres: el equipo de trabajo, quienes participan con sus películas y el público. Y lamentó: “Hoy veo con tristeza que esos ejes no sólo no son prioridades, sino que hasta son molestia. Con dolor, de allí me voy, con la conciencia tranquila de haber llegado un poco más allá de hasta donde me fue posible”.
En otro tramo de su extenso escrito, planteó que “armar un festival de cine no es fácil” y dijo ser consciente que “en un momento en el que ‘no hay plata’, lo que se debe hacer es una edición medida, pequeña, de acuerdo a las posibilidades”. Pero también planteó que, por eso mismo, “es necesario escuchar a quienes tienen experiencia, sumarlos para ser inteligentes a la hora de optimizar, ahorrar, concretar logros reales, no hacer todo lo contrario”.
