La Agencia Nacional de Discapacidad creó un nuevo mecanismo que, entre muchos aspectos, evalúa el Coeficiente Intelectual de las personas y determina si están aptas para trabajar. Este baremo vuelve a usar las designaciones de “idiota”, “imbécil” o “débil mental”, lo que generó un fuerte rechazo en la población.

Mediante la Resolución 187/2025, publicada en el Boletín Oficial el pasado miércoles, el gobierno de Javier Milei efectuó algunos cambios en las prestaciones no contributivas por invalidez laboral. En concreto, se determinó que las personas con discapacidad serán evaluadas mediante un baremo, es decir, un cuadro gradual que analizará su grado de “deterioro psicofísico” y definirá si están habilitadas a trabajar. En caso de no estarlo, se dará el visto bueno a la entrega de estas prestaciones.
La medida despertó un rechazo generalizado dado que este baremo -que está disponible en el anexo de la resolución- habla en su octavo capítulo del psiquismo y, al abordar los retardos mentales, proponen dividir a las personas en diferentes grupos según su Coeficiente Intelectual (CI). Es aquí donde aparecen las categorías de “idiota”, “imbécil”, “débil mental profundo”, “débil mental moderado” o “débil mental leve”.
En diálogo con Conclusión, la presidenta de la Asociación Provincial de Instituciones para Personas con Discapacidad (Apridis), Mariel Chapero, advirtió que estos términos estaban en “desuso” porque son “arcaicos, discriminatorios y estigmatizantes”.
“El Gobierno nacional estableció un presupuesto para este año, que involucra alrededor de 170.000 pensiones no contributivas menos de las que había hasta ahora. Entendemos que establecieron condiciones para hacer un proceso de auditoría masivo a las prestaciones por invalidez laboral, que son las pensiones que se le han otorgado a las personas con discapacidad desde que Argentina adhirió a las convenciones internacionales y que luego, además, le dio jerarquía constitucional”, detalló Chapero.
Y añadió: “Fue una política pública de reparación de derechos, que no solo implica que las personas con discapacidad cobren $189.000, sino que además tiene por objetivo darle la afiliación al Programa Federal Incluir Salud, que cubre su acceso a la educación, tratamientos, transporte y hogar en muchos casos”.
“Desde el Gobierno necesitan recortar y ponen nuevamente condiciones que son absolutamente regresivas en cuanto a la consideración de la invalidez y sus diagnósticos. Lo que hicieron fue reflotar términos que tienen más de treinta años y que son, por supuesto, previos a la convención y a todos los avances en materia de derechos que se fueron produciendo a nivel mundial a lo largo de los años”, finalizó Chapero.
Por su parte, la psicopedagoga Judith Zanutigh habló con Conclusión y señaló: “El último acuerdo era usar la denominación de persona con discapacidad, como una condición del individuo. Se habían eliminado los términos como imbécil o idiota y también estaba en desuso el tema del Coeficiente Intelectual y la idea medir la inteligencia”.
“Se entendía a la inteligencia como un concepto que no es medible, como sí lo es una cuadra o un kilo de manzana. Las inteligencias son múltiples y distintas, pero no medibles. La terminología imbécil o idiota es estigmatizarte y despectiva, y volver a usarla es un retroceso”, completó la profesional.
De “personas con discapacidad” a “imbéciles o idiotas”
El nuevo baremo -que fue anunciado hace más de un mes atrás por la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), que dirige Diego Orlando Spagnuolo- propone medir la inteligencia y dividir a las personas con discapacidad intelectual en diferentes grupos:
• Si el CI es de entre 0 y 30 la persona será considerada “idiota”. “No atravesó la etapa glósica, no lee ni escribe, no conoce el dinero, no controla esfínteres, no atiende sus necesidades básicas, no pude subsistir solo”, detalla el documento.
• Si el CI es de entre 30 y 50, la persona será considerada “imbécil”: “No lee ni escribe, atiende sus necesidades elementales, pueden realizar tareas rudimentarias”.
• Si el CI es de entre 50 y 60, la persona será considerada “débil mental profundo”: “Solo firma, tiene vocabulario simple, no maneja el dinero, puede realizar tareas rudimentarias”.
• Si el CI es de entre 60 y 70, la persona será considerada “débil mental moderada”: “Lee, escribe, realiza operaciones simples, conoce el dinero, puede realizar trabajos de escasa exigencia intelectual”.
• Si el CI es de entre 70 y 90, la persona será considerada “débil mental leve”: “Cursó primaria y a veces secundaria, puede realizar tareas de mayor envergadura”.
Desde la gestión libertaria apuntaron que “le corresponde pensión a los que presentan debilidad mental profunda o mayor, mientras que los débiles mentales fronterizos, leves y moderados tendrán derechos pensión cuando no hayan desarrollado sus disponibilidades básicas ni realizado nunca tareas remunerativas, como así también los que tengan debilidad mental disarmónica, cuyos trastornos de personalidad obstaculicen su comportamiento social y aptitud laboral”.
