Mientras el presidente Javier Milei concentra su gestión en el plano económico y en la relación con el poder Ejecutivo, la vicepresidenta Victoria Villarruel avanza en tejer su propio armado político, con fuerte respaldo de sectores militares retirados y una agenda cada vez más diferenciada de la Casa Rosada.

Desde su rol como titular del Senado, Villarruel no solo acumula poder institucional, sino que también viene consolidando su influencia territorial, particularmente en la provincia de Buenos Aires, donde impulsa referentes que se mantienen al margen de la alianza PRO-libertaria que domina el oficialismo.
El crecimiento de Villarruel se apoya en el respaldo de exmilitares y sectores nacionalistas, con quienes comparte una mirada crítica sobre algunos ejes de la gestión de Milei, especialmente en temas como seguridad, defensa y derechos humanos.
Aunque evita confrontar abiertamente con el presidente, la vicepresidenta avanza con una agenda propia, diferenciada y con proyección. En el Senado, su figura viene cobrando peso como articuladora clave, especialmente tras el tratamiento de leyes sensibles donde mostró capacidad de negociación y construcción de alianzas.
Fuentes cercanas aseguran que Villarruel apuesta a construir un espacio político con identidad propia, de cara a futuros escenarios electorales, incluso dentro del oficialismo, pero con autonomía estratégica.
El tiempo dirá si estas tensiones internas se traducen en una fractura real o si, por el contrario, serán parte del equilibrio de poder que atraviesa al gobierno libertario.
