Alarma por el endeudamiento: más de 5 millones de argentinos ya no logran pagar sus créditos

La morosidad en los préstamos de las familias volvió a encender una señal de alarma en la economía argentina. Más de 5,3 millones de personas registran deudas impagas con atrasos superiores a 90 días y el deterioro ya impacta de lleno en el sistema financiero, en un contexto donde el crédito había reaparecido como una de las apuestas para sostener el consumo y apuntalar la actividad.

Los últimos datos muestran que la mora de los hogares no sólo continúa en ascenso, sino que alcanzó niveles que no se veían desde hace más de dos décadas. Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central, el 12,1% de los préstamos otorgados a familias se encontraba en situación irregular en abril, tras dieciocho meses consecutivos de subas. El fenómeno también arrastró al conjunto del sistema: la irregularidad del crédito al sector privado trepó al 7,3%, con un nuevo salto mensual y un fuerte incremento frente al mismo período del año pasado.

La situación golpea especialmente a los préstamos de consumo. Entre las distintas líneas de financiamiento, los créditos personales se consolidaron como los más comprometidos, con un índice de mora cercano al 15%, mientras que las tarjetas de crédito también muestran un deterioro pronunciado, con niveles superiores al 12%. Más atrás aparecen los prendarios y los hipotecarios, aunque en estos segmentos el incumplimiento se mantiene bastante más acotado. La lectura que hacen en el mercado es que el mayor problema se concentra en los hogares que tomaron financiamiento para sostener gastos corrientes o compensar la pérdida del poder adquisitivo.

El dato más preocupante no es sólo la mora bancaria, sino el alcance total del endeudamiento irregular. De acuerdo con estimaciones privadas elaboradas sobre la base de la Central de Deudores del BCRA, actualmente el 26,7% de las personas que tienen algún tipo de crédito arrastra incumplimientos, lo que equivale a más de uno de cada cuatro deudores. En términos absolutos, eso significa que más de 5,3 millones de argentinos tienen al menos un préstamo en situación irregular sobre un universo cercano a los 20 millones de tomadores de crédito.

La foto se agrava cuando se incorpora a las entidades no bancarias, un universo que incluye billeteras virtuales, fintech, mutuales, cooperativas y emisoras de tarjetas de consumo. En ese segmento, la proporción de familias con deudas impagas llegó al 31,5% en abril, por encima del mes anterior y muy por encima de la mora que exhiben los bancos tradicionales. La expansión del crédito por fuera del sistema bancario amplió el acceso al financiamiento para muchos hogares, pero también expuso a una parte de los deudores a tasas más altas, condiciones más frágiles y mayores riesgos de incumplimiento.

El Banco Central advirtió en su informe que, pese al deterioro, en los últimos meses comenzó a observarse cierta desaceleración en el ritmo de crecimiento de la morosidad de las familias. Sin embargo, distintas consultoras ponen en duda que el problema haya encontrado un techo. Desde 1816, por ejemplo, remarcaron que el dato de abril mostró una nueva aceleración respecto de marzo y sembró dudas sobre la posibilidad de que el pico ya haya quedado atrás. Para los analistas, el cuadro refleja una combinación de salarios todavía debilitados, tasas elevadas en parte del sistema y una recuperación del consumo sostenida, en muchos casos, por endeudamiento de corto plazo.

El impacto no es sólo financiero. La suba de la mora amenaza también con limitar la recuperación del crédito en los próximos meses, porque una porción importante de los deudores dejará de calificar para nuevos préstamos. Eso reduce el margen de expansión del financiamiento al consumo justo en un momento en que bancos, fintech y comercios venían apostando a las cuotas y a los préstamos personales como herramientas para dinamizar las ventas.

En ese escenario, la pregunta ya no pasa solamente por cuántos argentinos están endeudados, sino por cuántos podrán volver a integrarse al sistema formal de crédito. Por ahora, la tendencia sigue marcando un dato incómodo: la recuperación del financiamiento convive con un deterioro cada vez más profundo en la capacidad de pago de millones de hogares.

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